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El término nebulosa se aplicó históricamente a todos aquellos objetos cuya apariencia era difusa, si bien con la mejora de las técnicas de observación se ha podido comprobar que muchas de las antiguas nebulosas son en realidad galaxias o cúmulos globulares. En las actualidad se sabe que son cúmulos de gases y polvo en el espacio, que tiene una importancia cosmológica notable porque se consideran los lugares donde nacen, por fenómenos de condensación y agregación de la materia, los sistemas solares similares al nuestro. |
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Las nebulosas pueden hacerse visibles si se encuentran en las proximidades de una estrella, o bien permanecen completamente envueltas en la oscuridad del espacio. Dependiendo de la edad de las estrellas con las que están asociadas, las nebulosas se pueden clasificar en dos grandes grupo: A) asociadas a estrellas muy evolucionadas: nebulosas planetarias y remanentes de supernovas. B) asociadas a estrellas muy jóvenes, algunas incluso todavía en proceso de formación: objetos Herbig-Haro y nubes moleculares. Nebulosas Planetarias: En sentido estricto no se trata ni de planetas ni de nebulosas, sino que son nubes de gas que se expanden simétricamente (a la velocidad de algunos kilómetros por segundo) alrededor de una estrella caliente y que emite fundamentalmente en la parte ultravioleta del espectro. Su nombre lo reciben por su similitud con los planetas, ya que muchas de ellas tienen apariencia anular (el ejemplo más famoso de nebulosa de este tipo es M57 o nebulosa del anillo, aquí a la derecha, situada en la constelación de la Lira. Las estrellas que la originan se encuentran en un estado de evolución avanzado (por ejemplo Gigantes Rojas. En la Vía Láctea se han descubierto varios miles de planetarias. Más espectaculares, pero menores en número, son los fragmentos de explosiones de supernovas. Quizás la más conocida de éstas sea la nebulosa del Cangrejo, en Tauro, que en 1054 los astrónomos chinos registraron en sus tablas su explosión sin saber de que se trataba. En 1731 el astrónomo aficionado John Bevis fue el primero en descubrir esta nebulosa, que tiene la apariencia de un reticulado de filamentos rojizos rodeado por un halo blanco. Las nebulosas de este tipo son fuertes emisores de ondas de radio, como consecuencia de las explosiones que las formaron y los probables restos de púlsares en que se convirtieron las estrellas originarias. Los objetos Herbig-Haro son pequeñas nebulosas muy brillantes que se encuentran dentro de densas nubes interestelares y son, probablemente, el producto de chorros de gas expelidos por estrellas en proceso de formación. Las nubes moleculares son, por su parte, extremadamente grandes, de un ancho de muchos años luz, con un perfil indefinido y una apariencia tenue y neblinosa. Si se atiende al proceso que origina la luz que emiten, las nebulosas se pueden clasificar en: nebulosas de reflexión, de emisión y oscuras. |